‘Ain’t in LA’ de Adéla: un relato agridulce sobre inmigrar para alcanzar tus sueños
- Sara López González
- hace 3 horas
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Desde sus raíces en el Este de Europa a las listas de Billboard: cómo la cantautora eslovaca ha convertido el duelo de la ambición y la migración en un posible himno generacional.

Desde su irrupción en el panorama musical con su EP debut, The Provocateur, la cantautora eslovaca Adéla ha dado de que hablar. Su cabello rosa fucsia, su hyperpop oscuro, sus letras desafiantes y la incorporación del ballet a este universo, aparentemente, tan crudo, le han dado una imagen de marca inconfundible.
Sin embargo, el empujón que necesitaba para encumbrarse mundialmente ha venido de la mano de la que es probablemente su canción menos experimental, pero, a la vez, más personal.
Ain’t in LA, un tema inspirado en el We Can’t Stop que lanzó Miley Cyrus hace ya más de una década, usa los propios referentes musicales de Adéla para contar la historia de cómo inmigró de Eslovaquia a Estados Unidos para cumplir sus sueños. Sin embargo, esta canción no trata sólo de ella.
Es un relato sobre la inmigración, la necesidad de la representación y el poder de los sueños.
"Sus sueños no viven en casa"
La idea de Ain’t in LA nació cuando Adéla encontró unas fotos de su madre quien, aún en la Bratislava comunista, creó su propio estilo, de inspiración occidental, vistiendo ropa heredada. Su historia representa a una generación previa a la globalización, para la que mudarse al extranjero, ya fuera para prosperar o para cumplir una vocación, resultaba prácticamente impensable.
Sin embargo, en el pre-estribillo Adéla canta que "le han enseñado que sus sueños no viven en casa". Ahí comienza a hablar no sólo de sí misma, sino de las generaciones nacidas a partir de los noventa: millones de, ahora adultos y adolescentes, criados frente a pantallas que les enseñaron a soñar, pero a soñar con el sueño americano. Jóvenes con ambiciones que sus padres y abuelos ni imaginaban, pero conscientes de que, para alcanzarlas, casi con certeza tendrán que irse de casa; de lo contrario, puede que nunca lo consigan.
Es ese dirigirse a «todas las chicas en ciudades desconocidas» lo que ha conseguido que la canción dé la vuelta al mundo. Ain’t in LA no es un tema para oyentes pasivos; es un eco para todas esas personas que, como la propia Adéla, sueñan y han asumido que deben emigrar, ya sea a otra ciudad o al extranjero, para construir su futuro. Y estos sueños no son solo hazañas grandiosas como triunfar en la industria musical. Pueden ser cosas tan cotidianas como ser médico, profesor o ingeniero, o incluso algo tan fundamental como, simplemente, tener un techo y vivir en paz.

Probablemente la escena más emocionante del vídeo musical, así como la que mejor representa el mensaje de la canción, es ese momento en el que la cantante baila rodeada por un grupo de niños vestidos con atuendos tradicionales eslovacos. Se crea aquí una contraposición perfecta: los niños ejecutan pasos de hip-hop, género creado por afroestadounidenses en los barrios trabajadores, llevando la ropa folclórica de su país frente a un cartel de Hollywood expuesto en un distrito obrero de Bratislava.
Entre los bailarines se encuentra una niña eslovaca negra y su presencia añade una capa crucial al mensaje: el propio país que Adéla ha tenido que dejar para buscar mejores oportunidades es, a su vez, el hogar de una nueva generación cuyos padres también quisieron mejorar. Es la prueba de que las identidades y los mapas están cambiando en todas partes pero que, al fin y al cabo, lo hacen por la acción de soñar.
Un hito para Adéla y Eslovaquia
La imagen no es sólo impactante con respecto al propio tema. Para quienes hemos seguido la carrera de Adéla desde Dream Academy, ese reality de la empresa de entretenimiento coreana Hybe, en el que se buscaba formar al grupo que hoy conocemos como Katseye, esta escena recuerda a un momento bastante polémico de su corto recorrido por el programa.
Poco después de que debutase Katseye, la productora decidió lanzar un documental con escenas inéditas de Dream Academy. Una de ellas era una sesión de terapia grupal con un psicólogo, cuyo propósito era aliviar las tensiones que las concursantes estuviesen sintiendo tanto consigo mismas como con sus compañeras a raíz de la presión del programa. Las trainees estadounidenses expresaron sentir que no estaban recibiendo tanta atención como las aspirantes extranjeras, las cuales recibían mensajes de apoyo tanto de sus compatriotas como de personas de países vecinos, sólo por el mero hecho de su nacionalidad. A esto Adéla respondió que "al fin las estadounidenses están experimentando lo que las eslovacas siempre sienten, ya que nunca tienen representación".
Fue precisamente el uso de esa palabra, "representación", lo que desató una ola de debate en redes sociales que derivó en ataques e insultos personales hacia la propia cantante.
Hoy en día existe un consenso amplio sobre la importancia de la representación en los medios; como bien señalaba la periodista Gloria Steinem, "si no puedes verlo, no puedes serlo". Sin ir más lejos, tras el triunfo de España en el Mundial de Fútbol Femenino, el número de niñas federadas aumentó un 15,8 % respecto al año anterior. ¿Cuántas de ellas habrían siquiera considerado tocar un balón sin la victoria de Alexia Putellas, Salma Paralluelo o Aitana Bonmatí?
Es de agradecer a los sociólogos, periodistas y pensadores estadounidenses que a finales del siglo XX pusieran el foco en la necesidad de verse reflejado en las pantallas. Sin embargo, este marco teórico entraña un arma de doble filo: al hegemonizar la conversación sobre la representación, la cultura estadounidense también se otorga el poder de decidir cuál es válida y cuál no, quién la necesita y quién carece de ella. En el caso de Adéla, la narrativa dominante en redes dictaminó que, al ser blanca, jamás podría sufrir de una falta de representación.
Según la óptica estadounidense, Adéla forma parte de la «blanquitud», ese cajón de sastre que reduce a todos los europeos, exceptuando, en sus inicios, aunque no actualmente, a los europeos del sur, a una masa homogénea cuyo destino final es la asimilación en la hegemonía WASP (White Anglo-Saxon Protestant), la herencia cultural de los colonos anglosajones.
La propia artista ha admitido que, como inmigrante blanca y europea, es menos propensa a experimentar discriminación en Estados Unidos que sus contrapartes de países del Sur Global. Sin embargo, esto no invalida su queja durante Dream Academy. Sí, las personas blancas reciben una representación mayoritariamente positiva en la cultura estadounidense y, por consiguiente, en la cultura global; pero esos blancos son los Smith, los Johnson, los Williams. Los Jergová como Adéla, los Shevchenko o los Kowalski quedan relegados a papeles en los que, independientemente de qué país procedan, deben exagerar un acento ruso para representar a villanos, criminales y prostitutas.
Ain’t in LA, por tanto, ha supuesto un soplo de aire fresco no sólo para las soñadoras del Este de Europa, sino para todas los de aquellos países que han sido estereotipados por el mismo Hollywood del que anhelan formar parte.
Hace tres años, Adéla fue la primera expulsada de Dream Academy. Hoy, es la primera eslovaca en la historia en entrar a las listas de Billboard. Ojalá su hito abra el camino para las artistas del Este de Europa y del mundo que vendrán detrás y, sobre todo, ojalá que en el futuro el talento local no necesite el aval de la industria estadounidense para alcanzar el éxito global.
Ain’t in LA es el tercer sencillo de su álbum debut, Prima, que será lanzado el 4 de septiembre junto con otros temas como KGB o Red Bottoms.



