Cuando los italianos eran los outsiders: especial del Italian American Heritage and Culture Month

Durante estos años, Mediterranean Girls In Music creó contenidos dedicados a distintos meses de la historia y del patrimonio cultural, celebrando la música y la cultura tanto en nuestro Instagram como en nuestro blog. En el pasado ya habíamos dedicado contenidos al Italian American Heritage and Culture Month pero nunca habíamos escrito un artículo sobre el tema. Este año pensamos que había llegado el momento de hacerlo: no simplemente porque la cultura italoamericana es una parte importante de la historia, sino porque las raíces de esta plataforma son italianas y porque existe un lado de la historia de la inmigración italiana que, sorprendentemente, muchos italianos mismos no conocen.
Hoy la cultura italoamericana está profundamente arraigada en Estados Unidos. Pasta, almuerzos de domingo, espresso, familia, música, cine: lo italiano se convirtió en parte del entramado cultural del país. Pero no siempre fue así. Cuando los inmigrantes italianos llegaban a un nuevo país, no estaba dado que automáticamente pasaran a formar parte de él. Entraban en sociedades en las que podían ser tratados como outsiders, estereotipados y discriminados por su nacionalidad, idioma, religión, clase social y procedencia regional, y Estados Unidos representa un ejemplo particularmente significativo de esta situación.
Al observar las caricaturas que surgieron alrededor del período principal de la inmigración italiana, resulta difícil conciliar esas imágenes con la manera en que los italoamericanos son percibidos hoy. Algunos dibujos representaban a los italianos como sucios, peligrosos, poco inteligentes, criminales o básicamente extranjeros. Otros los reducían a la comida, la pobreza o características físicas exageradas. Estas imágenes resultan incómodas porque no eran creadas simplemente para hacer reír. Reflejaban una hostilidad mucho más amplia hacia la inmigración.

La Library of Congress describe este período como una época en la que los inmigrantes italianos enfrentaron “a wave of virulent prejudice and nativist hostility”, es decir, “una ola de prejuicio virulento y hostilidad nativista”. Al mismo tiempo, en la prensa circulaban teorías raciales pseudocientíficas que presentaban a las llamadas poblaciones mediterráneas como inferiores a los europeos del Norte. Dibujos y canciones representaban a los inmigrantes como “childlike, criminal, or subhuman”, es decir, “infantiles, criminales o subhumanos”. Es una parte de la historia que vale la pena recordar. No porque los italoamericanos hayan sido el único grupo de inmigrantes en sufrir racismo, naturalmente no lo fueron. Y tampoco porque la historia de la inmigración italiana pueda reducirse a una simple historia de victimización. Es importante porque nos recuerda que categorías como extranjero, americano, insider y outsider nunca fueron tan fijas como pueden parecer hoy.
“Los italianos… no son como nosotros. Tienen un olor diferente, tienen un aspecto diferente, se comportan de manera diferente… El problema es que no se encuentra uno honesto.” (Una conversación grabada en la Casa Blanca en 1973 entre el presidente Richard Nixon y su colaborador John Ehrlichman.)

Los estereotipos no eran inofensivos y hasta llevaron a linchamientos
Algunos estereotipos sobrevivieron durante mucho tiempo incluso después de que las circunstancias que los habían creado habían cambiado. El inmigrante italiano se convirtió en una figura reconocible de la cultura popular estadounidense: la persona con un acento marcado, de carácter irascible, con una familia numerosa, la pasta y el ajo. La comida, en particular, se convirtió en una forma de identificar a los italianos como diferentes:
“WOP”
“Garlic eater”
“Spaghetti eater”
“Spaghetti bender”
“Garlic smell”
“Dago”
“Guinea”
“Greaseball”
Muchos insultos reducían a los inmigrantes italianos a su comida. También vale la pena reflexionar sobre la extraña evolución de estos estereotipos. Algunos de los elementos que alguna vez identificaban a los italianos como extranjeros son hoy algunos de los más fuertemente asociados con la cultura italoamericana. La pasta ya no es una prueba de no pertenecer. El ajo no es una señal de un barrio de inmigrantes que necesita ser limpiado. La cocina italiana se convirtió en una de las cocinas más populares de Estados Unidos. El estereotipo cambió, pero la historia que lo generó no cambió.
La hostilidad antiitaliana también adoptó formas violentas, con más de 50 casos documentados de italianos víctimas de linchamientos, incluido el massacre de Nueva Orleans de 1891. En este caso específico, fueron asesinados 11 hombres italianos. Durante la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos italianos fueron clasificados como “enemy aliens” y sometidos a restricciones; algunos también fueron internados. En particular, entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX, los inmigrantes italianos sufrieron discriminación en el trabajo, en el acceso a la vivienda, en las escuelas y en la vida pública, mientras que su idioma y su cultura eran a menudo ridiculizados o representados como inferiores.
Y hoy todavía, las referencias a la mafia, los spaghetti, el ajo, los acentos o los comportamientos italianos caricaturizados pueden adquirir distintos significados dependiendo del contexto. A veces son afectuosas. A veces son chistes. A veces son simplemente estereotipos. Y a veces todavía funcionan como insultos étnicos.
Eran outsiders mientras ayudaban a construir el país
Mientras los italianos eran descritos como extranjeros no deseados, los inmigrantes italianos ayudaban a construir las ciudades de las que, según algunos, no deberían haber formado parte. En Nueva York, muchos inmigrantes italianos trabajaban en obras públicas. Excavaban canales, colocaban pavimento y cañerías de gas, construían puentes y ayudaban a construir los túneles del sistema de subterráneos de la ciudad.
Según la Library of Congress, en 1890 casi el 90% de los trabajadores del Department of Public Works de Nueva York eran inmigrantes italianos. Su contribución tuvo, sin embargo, un enorme costo humano. Los trabajadores inmigrantes italianos eran enviados con frecuencia a trabajos peligrosos y mal pagos porque muchos habían llegado de contextos agrícolas y tenían un acceso limitado a otras formas de empleo. Las mujeres y los niños italianos también trabajaban en sweatshops y fábricas. Cuando la Triangle Shirtwaist Factory se incendió en 1911, causando la muerte de 146 trabajadores, casi la mitad de las víctimas eran mujeres italianas jóvenes. Estaban construyendo Nueva York mientras intentaban construir una vida dentro de ella. Los inmigrantes italianos ya contribuían a la vida física, económica y cultural de Estados Unidos mientras muchos estadounidenses todavía se preguntaban si pertenecían allí.

La música italoamericana
El historiador de la Fordham University Mark Naison describió el Bronx como un lugar donde distintas comunidades se encontraban a través de la música, desde el doo-wop y el mambo hasta el jazz, la salsa y el hip-hop. “La creatividad musical incomparable del Bronx”, explicó Naison, “se debe en gran parte a la mezcla de culturas que tuvo lugar en los barrios y las escuelas del Bronx”. The Crests son un ejemplo particularmente interesante. Su formación incluía a tres miembros afroamericanos, un miembro puertorriqueño y un cantante principal italoamericano, Johnny Maestro.
La Library of Congress describe el patrimonio musical italoamericano como algo que tuvo “a major impact on shaping United States culture as a whole”, desde la ópera hasta la música popular. Enrico Caruso se convirtió en una de las voces que definieron la ópera estadounidense de principios del siglo XX. Después llegaron artistas como Frank Sinatra, Tony Bennett, Dean Martin, Perry Como, Bon Jovi, Lady Gaga, Madonna, John Travolta y Corbin Bleu, entre otros. Artistas de distintas generaciones, pero todos unidos por sus raíces.
Desde los barrios de inmigrantes hasta Broadway, los clubes de jazz, los grupos de doo-wop y el Great American Songbook, los italoamericanos se convirtieron en parte de la identidad musical de Estados Unidos. La conexión entre Gaga y Tony Bennett hace que esta historia sea casi imposible de ignorar. Su proyecto Cheek to Cheek reunió a una superestrella pop italoamericana contemporánea y a una de las voces italoamericanas más importantes de la generación anterior. La biografía oficial de Bennett describe su álbum de 2014 como un disco que llegó al número 1 del Billboard 200 y como una colaboración ganadora de un Grammy.
Italian American Heritage and Culture Month
Quizás por eso recordar la historia italoamericana es importante. El patrimonio cultural suele presentarse como algo cómodo: la comida, la familia, las tradiciones, la música, las celebraciones. Y todas esas cosas importan. Pero el patrimonio también puede significar recordar las partes incómodas. Las caricaturas, los insultos, la pobreza, los trabajos peligrosos. Las mujeres que murieron en las fábricas, las comunidades que fueron tratadas como algo separado de la sociedad privilegiada, las relaciones complejas con otros grupos de inmigrantes y minorías. Los momentos de racismo y los momentos de solidaridad. La música que surgió cuando distintas comunidades vivían lo suficientemente cerca como para escucharse unas a otras.
Cuando vivís en un lugar donde tu cultura es familiar, es fácil olvidarse de lo que se siente ser diferente. Pero cruzá una frontera: de repente tu idioma puede sonar extranjero, tus tradiciones pueden parecer extrañas, tu comida puede convertirse en un estereotipo, la mayoría puede convertirse en la minoría. Es importante no olvidarse nunca de esta parte de la historia.




